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¡Un amor blanco! Yola y Alfonso, más de 61 años de vida y tenis juntos

Un amor que surgió hace más de 61 años y contrario a lo que hoy en día se vive donde los matrimonios no son duraderos, la leyenda del tenis nacional, Yolanda Ramírez junto a su esposo Alfonso Ochoa han roto esquemas al mantenerse unidos tal y como fue la primera vez que se conocieron siendo en una cancha de tenis, el deporte de sus amores.

La familia Ochoa Ramírez abrió las puertas de su casa a El Sol de Puebla para contarnos la historia de amor que han tenido la cual tiene 5 años de noviazgo y 56 de matrimonio para ella, nacida en Teziutlán, Puebla y él en la Ciudad de México.

“Todo empezó por medio del tenis en 1956, ella desde joven destacó en el tenis en campeonato abierto, la Federación le pidió que jugará el nacional mixto con una promesa de éste deporte que era yo porque fui campeón juvenil, lo jugamos y ganamos, a partir de ese momento se hizo un click, ella me lleva casi 3 años más de edad, desde ese momento nació una relación muy padre, ella por la edad era más amiga de mi hermano mayor, pese a que congeniaban más con la amistad, al final fui yo el ganón porque con el trato nos enamoramos”, dijo Alfonso Ochoa.

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Reconoció que el practicar el tenis los unió y lo sigue haciendo, agradeciendo las bondades que este deporte les ha brindado, sobre todo por la oportunidad que les ha permitido viajar por todo el mundo.

“La verdad en la cancha y el matrimonio Yola es quien lleva la batuta, tiene un carácter fuerte, el mío es más tranquilo, creo que ha sido una buena combinación que ha permitido que podamos llevarnos bien durante tantos años”, acotó.

En ese momento, Yola Ramírez reveló cual ha sido el factor clave para que su matrimonio siga siendo duradero; “La paciencia, eso ha sido fundamental para mantenernos así, felices, nuestro carácter es distinto, he sido férrea, consistente y luchadora y mi esposo ha sido tranquilo, más pensante y ha sido una bonita combinación”, dijo..

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Ambos coincidieron que el rodearse de amistades que tienen similitudes como el amor al tenis, parejas estables que a lo largo de la vida platican añoranzas, comparten secretos, tanto de la vida como de la cancha, es lo que ha permitido que su cariño sea duradero, además de que el viajar a sitios como París y Londres, desde hace varios años en los torneos de mayor prestigio como Roland Garros y Wimbledon, terminan siendo condimentos que provocan un privilegio que pocos tienen.

“La verdad, el ser parte del Salón de la Fama en Roland Garros y que nos consientan a ambos, es un agasajo, como ha sido durante varios años que nos hacen la invitación para asistir, Alfonso y yo estaremos ahí si Dios nos presta salud, porque son cosas inolvidables, reconocimientos que ahí quedan y que permiten que cuando tenemos alguna discusión, pues ésta se dé no en casa sino en un lugar como París, que es distinto ¿o no?” reconoció con una sonrisa Yola Ramírez.

El matrimonio Ramírez Ochoa tuvo par de hijos, Marnie y Alfonso quienes llevan impregnado el amor por este deporte, pero la vida les brindó la oportunidad de unir a un integrante más, Ernesto, nacido en Acapulco, pero con el mismo amor por el Tenis el cual fue adoptado por ellos para cerrar el círculo de amor y aprendizaje.

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Pero la familia tenística adhirió a una integrante más, su nombre es Teresa Máximo González quien cuenta con 24 años al servicio de Doña Yola y Don Alfonso en su casa y quien, ante la cercanía, observa el cariño que la pareja se ha profesado durante tantos años

“Los veo de maravilla, muy unidos, es un matrimonio feliz, en el tiempo que he trabajado con ellos jamás los he visto pelear, es gracias a la comunicación, unión y confianza que se tienen, son una pareja en la casa y en la cancha y así lo ha sido durante toda su vida”, señaló quien también por 18 años trabaja en el Parque España II por lo que el lenguaje del tenis no le es ajeno.

Ambos coincidieron que el saber adaptarse y con paciencia, puede perdurar el amor que han sabido trasladar de la cancha de tenis a su casa y viceversa, manejando un mismo código de comunicación, el saberlo imprimir a sus hijos y nietos, además de estar dispuestos a valorar sus actividades ligadas al Tenis, ella dando clases y él con su empresa de construcción de canchas donde continuarán con su amor

Finalmente, ambos trabajan en un proyecto dando clases de tenis gratuitas en una Unidad habitacional de la Colonia La Guadalupana en la zona metropolitana de la capital poblana, donde a más de 20 niños les brindan la oportunidad de practicar el Tenis pese a no contar con los aditamentos principales para hacerlo, pero entregando sus conocimientos con el mismo amor que en su vida se han profesado por más de seis décadas.

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